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Obama fustiga a GM y a Chrysler

WASHINGTON  -  El presidente Barack Obama declaró el lunes que los planes de reestructuración de General Motors y de Chrysler fueron muy pequeños y llegaron demasiado tarde, por lo que se vio obligado a presionar para el despido del director general de GM y a darle un mes de plazo a Chrysler con el fin de que se fusione con la italiana Fiat.

Obama también planteó la posibilidad de una bancarrota controlada a fin de ayudar a ambas empresas a una "rápida reestructuración y a una fusión más vigorosa".

La Casa Blanca intervino en el golpeado sector automotor de Estados Unidos con una fuerza no vista en varias generaciones.

Las palabras de Obama causaron preocupación, pues tanto la industria automotriz como los sindicatos han señalado que esa quiebra controlada podría conducir al colapso de todo el sector automotor estadounidense.

Obama, no obstante, intentó aplacar el impacto del golpe diciendo: "No estoy hablando de un proceso en que una compañía entra en quiebra, es vendida y deja de existir. Tampoco estoy hablando de una empresa que queda estancada en los tribunales durante años, sin posibilidad alguna de emerger".

En momentos en que se profundiza la recesión en Estados Unidos, la peor desde la Gran Depresión de la década de 1930, Obama ha expresado su insatisfacción con la industria automotriz y exige grandes reformas a cambio de entregarles más dinero de los contribuyentes.

El gobierno decidió actuar el domingo, al acercarse el plazo del martes impuesto a General Motors Corp. y a Chrysler LLC para que entreguen planes de reestructuración aceptables.

Ambas empresas al borde de la quiebra se han mantenido a flote gracias a planes de rescate del gobierno. GM ha recibido hasta ahora 13.400 millones de dólares y Chrysler 4.000 millones.

El presidente dijo que no piensa "disculpar más las malas decisiones" de los ejecutivos de GM y de Chrysler, y que esas empresas no pueden seguir dependiendo "de un flujo interminable de dólares" de los contribuyentes.

"Esas empresas", añadió, "y esta industria deben ponerse de pie por su cuenta, no como pupilos bajo la tutela del estado".

Obama dijo que el colapso de la industria automotriz se debe "a un fracaso del liderazgo, desde Washington hasta Detroit", ciudad conocida mundialmente como el centro tradicional de la industria automotriz estadounidense.

Al mismo tiempo, el presidente dijo que su gobierno intentará alentar a los estadounidenses a comprar más vehículos fabricados en Estados Unidos ofreciendo incentivos fiscales a los compradores de autos nuevos. GM y Chrysler dan empleo a más de 140.000 obreros en el país.

Ford Motor Co., la tercera de las empresas automotrices más importantes de Estados Unidos, no ha pedido dinero al gobierno y no le afectan directamente los planes de reestructuración exigidos a GM y a Chrysler.

A cambio del despido del director de GM, Rick Wagoner, y de otros miembros de la junta directiva de la empresa, el gobierno proporcionará a la compañía dinero para operar durante 60 días. Chrysler recibirá unos 6.000 millones de dólares y un ultimátum para que concluya su asociación con Fiat en 30 días.

Fritz Henderson, el nuevo director general de General Motors, emitió un comunicado en el que afirmó que la compañía trabajará "para hacer cambios fundamentales y duraderos necesarios para reinventar GM a largo plazo".

La empresa indicó que busca evitar la bancarrota, pero agregó que "tomará cualquier medida necesaria para reestructurar exitosamente la compañía, lo que podría incluir un proceso supervisado por una corte".

El presidente de Chrysler, Bob Nardelli, intentó asegurar a los clientes, distribuidores, proveedores y empleados que la automotriz "operará 'los negocios normalmente' los próximos 30 días", mientras colabora de cerca con el gobierno y Fiat para asegurar el apoyo de los inversionistas.

Sergio Marchionne, director general de Fiat, emitió un comunicado en el que calificó la intervención de Obama "dura pero justa, y creemos que alcanzaremos un resultado que establecerá un futuro viable para este sector industrial crucial y que le dé la prioridad adecuada al reembolso de los fondos de los contribuyentes estadounidenses".

No hubo una respuesta inmediata de parte del Sindicato de Trabajadores Automotrices Unidos, el cual será presionado para que otorgue mayores concesiones a los sueldos y prestaciones que reciben sus integrantes, de acuerdo con los requisitos de reestructuración de Obama.

Algunos trabajadores han criticado lo que ven como una doble moral en Washington al comparar el trato que se dio a las instituciones financieras en quiebra y el que ha recibido la industria automotriz.

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